Malú volvió al presente, el corazón de nuevo lo tenía estrujado.
—Si tan solo hubiera hablado en ese entonces, lo habríamos comprendido, y demostrado lo equivocado que estaba con respecto a la bruja —susurró—, pero no, Abel, tiene ese espíritu rebelde, indomable, similar a ti. —Acarició al caballo, al verlo tranquilo, abrió la puerta del cubículo, lo tomó de las riendas, y lo sacó a pasear.
—¡Señorita Malú! —exclamó horrorizado Aureliano, el capataz—, tenga cuidado con el diablo, desde que us