Capítulo 100: A corazón abierto.
Abel luego de pasar por su hotel a ducharse, cambiarse de ropa y desayunar, fue en busca de Eduardo hasta la carretera.
Miró como iba la obra, y sonrió con beneplácito, saludó con varios obreros, y otros trabajadores y luego alcanzó a Eduardo.
—¿Cómo estás? —indagó Abel.
—Preocupado —confesó Eduardo.
Abel negó con la cabeza.
—Pero tú la pusiste en bandeja de plata, yo no me habría movido del lugar, Mafer es tu novia —dijo con firmeza.
Eduardo resopló, y se aclaró la garganta.
—Ella aún no