56. No hay nada que explicar, yo la escuché.
Marius se sintió liviano por todo el peso que se había sacado de encima al verla y caminó hasta ella notando su corazón palpitando con fuerza en el pecho, por un instante creyó que existía la posibilidad de que abandonara su caja torácica de tan fuerte que bombeaba la sangre al resto de su cuerpo.
— ¿A dónde piensas que vas, Noelia?— preguntó esperando a que se girara — y sobre todo¿Por qué no dejaste siquiera que me explicara?
El corazón de la chica latió muy rápido al escuchar su nombre, no po