Efectivamente la playa no estaba demasiado lejos de los bolos así que no tardamos en llegar.
Greg fue el último en llegar ya que había pasado a buscar una botella de vino.
-Vino en vasito de plástico.
-Oh sí ¿Querías copas de cristal? -se burló Greg de Ginebra y esta le envió una mirada fulminante.
Los cuatro nos sentamos en la arena siendo azotados por el viento gélido de la costa mientras que Greg hacía un chiste sobre el vino barato que no pude escuchar.
Mis ojos se perdieron en la inmensida