Como si fuera un milagro, Sienna me pidió que la ayudara a maquillarse.
Ella nunca lo hacía por lo que de inmediato sospeché.
—Te gusta alguien.
— ¡Claro que no! —chilló ella escandalizada al mismo tiempo que horrorizada pero lo vi en sus ojos.
No puede ocultármelo.
Yo solté una risita divertida y ella me fulminó con la mirada sin embargo luego dejó caer sus hombros suspirando.
—No puedo decírtelo —aseguró nerviosa y yo supe de inmediato quién era.
Lo había visto siempre pero no había pensado d