Amor eterno.
El sol brillaba intensamente sobre el jardín decorado con flores blancas y lilas, mientras los invitados tomaban asiento en las sillas elegantemente dispuestas. Kelvin, vestido con un traje azul marino impecable, esperaba nervioso al final del pasillo, sus manos ligeramente temblorosas. A su lado, su mejor amigo y testigo de su boda, Sebastián, le daba una palmada en la espalda para tranquilizarlo.
La música comenzó a sonar, una melodía suave y romántica que llenó el aire de emoción. Todos los