Alessia no se encuentra.
Kelvin, después de arreglarse bajo a desayunar, su madre ya tenía todo listo cuando él entró en la cocina.
—Buen día, mamá.
—Buen día mi niño —Saludo Anaís con una sonrisa cálida.
—¿Vas a la empresa o a la casa hogar? —pregunto Kelvin mientras se sentaba a desayunar.
—Hoy iré a la casa hogar, algunos matrimonios van porque están interesados en adoptar.
—¿Puedo ir a ayudarte?
Los ojos de Anaís se iluminaron.
—¡Oh, Kelvin! Los niños estarán encantados de verte. Y sí, sabes que necesitamos toda l