Me encontraba en aquella inmensa cama, sentada en el borde, sumida en un torbellino de pensamientos que volaban a mil por hora. La vida, tan tranquila y predecible hasta hace poco, había cambiado de forma drástica y dolorosa en cuestión de semanas. La noticia de la muerte de mi madre aún resonaba en mi mente, como un eco persistente que se negaba a desvanecerse en el aire. Sin embargo, había algo en mí, una pequeña chispa de incredulidad, que se aferraba a la idea de que esa realidad no podía s