Cuanto más imposible era, más convencido estaba de que, en el fondo, aquellos tres compartían un lazo bastante complejo.
Él mismo empezaba a dudar de su capacidad. ¿En verdad estaba perdiendo facultades?
«¿Por qué últimamente no hago más que decepcionar al señor Fernando?» se lamentó internamente.
Fernando giró la cabeza y echó un vistazo a Thiago, quien, preso del temor, agachó aún más la mirada.
Justo cuando Thiago pensó que se le avecinaba un regaño, Fernando soltó con voz tranquila:
—Es hora