Los ojos de Fernando se volvieron aún más sombríos y profundos.
—Si quieres marcar distancia, primero trae el antídoto.
—¿El antídoto? —Daisy levantó las manos, mostrándose indiferente—. Lo siento, no lo tengo.
—¿El veneno lo pusiste tú y no tienes antídoto? —Fernando pensaba que esa mujer era incapaz de decir una sola verdad.
—¿Pruebas? —Daisy respondió con frialdad—. Sin pruebas, todo es calumnia. ¿O piensas condenarme solo por lo que Frigg dice?
Los labios de Fernando se curvaron en una sonri