Fernando notó su decisión de tomar el asiento trasero, y sus ojos se oscurecieron brevemente. Sin embargo, en un segundo, pisó el acelerador y comenzaron el trayecto.
Durante todo el camino, Daisy no le dirigió ni una palabra ni una sola mirada. Mantuvo la vista fija en su celular. La noche anterior no había vuelto a casa y, con el teléfono apagado por falta de batería, era seguro que Enzo estaría buscándola por todas partes. Apenas se subió al auto, conectó su teléfono y lo encendió.
Tal como l