El silencio que siguió a la revelación de Olivia no fue el de la vergüenza o el arrepentimiento, sino el de un tenso recalculo de posiciones. Su padre, el hombre que siempre había priorizado el beneficio y las apariencias, miró a Beatriz con una expresión que era una mezcla de asombro y una débil chispa de reproche. Su mundo, cuidadosamente construido sobre transacciones y lealtades superficiales, se resquebrajaba ante la evidencia de una manipulación tan caótica y personal.
—Beatriz… —Comenzó