—Buenos días solecito. Tienes visitas. —Anunció Karla asomando su cabeza por la puerta. — Lion está abajo.
—¿Qué...? —me desperté sobresaltada—. ¿Qué hace aquí tan temprano?
A toda prisa, me lavé la cara, me até el cabello en una coleta desordenada y bajé corriendo las escaleras. Lion me saludó con un leve asentimiento.
—Buenos días —dijo con su habitual tono tranquilo—. Si estás lista, podemos salir ya.
—¿Salir? ¿A dónde? —pregunté, aún algo confundida.
—A registrar el matrimonio —respondió, a