Cerca del show de fuegos artificiales, la multitud se aglomeraba, y el ambiente estaba lleno de bullicio.
Cristóbal estacionó el auto, y ya faltaban menos de diez minutos para que comenzara el espectáculo.
—¡Gabriela, tenemos que correr! —Sin esperar respuesta, Cristóbal bajó del auto y, tomando la mano de Gabriela, la llevó corriendo hacia el elevador.
En la entrada del elevador, un hombre vestido de esmoquin los esperaba.
Al ver a Cristóbal, le dio un respetuoso saludo y ya tenía el elevador l