Compró un panecillo y una caja de leche caliente, y se sentó en un banco donde podía ver el quirófano desde la distancia, mientras se mantenía lejos de Álvaro.
Tomó un sorbo de la leche, la misma marca que siempre había bebido, pero esta vez el sabor le resultó extraño, pesado, casi nauseabundo.
Álvaro mantenía a Gabriela en su visión periférica. Tras despedir a los ejecutivos del hospital, caminó hacia ella y notó que había comprado otra bebida caliente, esta vez un chocolate.
—¿No habías dicho