—¿Cómo está Álvaro…? —Noelia avanzó hacia ella, con los ojos llenos de lágrimas.
Sin embargo, Cintia la miró furiosa:
—¿Qué fue lo que hiciste? ¿Por qué, de la nada, mi hermano y mi cuñada se divorcian? —soltó, acusadora.
Noelia titubeó, pero la emoción de saberse ganadora la superó. Al enterarse de la ruptura, sus labios no pudieron reprimir una sonrisa.
—¿Entonces ya se divorciaron? ¿En serio?
—¡Conque fue cosa tuya! —Cintia ardía de rabia—. ¡Te has salido con la tuya otra vez! Fuiste capaz de