—Por supuesto —aceptó Cristóbal sin pestañear—. Con que le mostremos un cuadro de «felicidad» a mi padre y a la familia Zambrano, basta.
Gabriela asintió.
—¿Y si tu padre insiste en que nos casemos legalmente? —objetó con prudencia—. Ya es bastante con un divorcio; no quiero otro trámite para luego volver a anular. ¿Podrías preparar un acta falsa?
—Yo me encargaré de todo —aseguró Cristóbal—. No te preocupes, no tendrás que mover un dedo.
Gabriela lo miró con cierta sorpresa.
—Vaya, qué eficienc