—¿Qué dices? —Oliver se puso de pie con el ceño fruncido—. ¿Te has vuelto loco?
Sin responder de inmediato, Álvaro sacó un fajo de documentos de su bolsillo y, con un gesto, los lanzó al aire como si esparciera pétalos. Uno de ellos aterrizó en las manos de Carmen. Al mirarlo, un estruendo pareció sacudir su mente y la sangre se le heló. Era una foto de Emiliano, jovencito y erguido en una cancha vacía, sonriendo con un aire de resignación a la cámara.
—Alvi… —murmuró Oliver, empalideciendo, pon