—¿En serio quieres llegar a tanto? A fin de cuentas, es tu gemelo —murmuró Mattheo, como si no estuviera del todo de acuerdo, pero sin mostrar un interés real por disuadirlo.
—El destino es así. Desde que nacimos, hemos competido. Al inicio tenía el cuerpo más débil y él «ganó». Pero ya que después el triunfo fue mío, no pienso darle la oportunidad de ponerse a mi altura de nuevo. Haberlo dejado vivir todos estos años fue mi único error —afirmó Álex, con una frialdad inquebrantable.
Mattheo guar