—¡Vitoria! —gritaron sus padres, corriendo a auxiliarla. Pero la fuerza de aquella patada no había sido poca, y Vitoria, por más que lo intentaba, no lograba ponerse en pie.
Incapaz de desquitarse con Kian, la madre de Vitoria arremetió contra la sirvienta:
—Desgraciada, ¿quién te pagó para que difamaras así a mi hija?
Lejos de acobardarse, la joven, dispuesta a contar toda la verdad, se aferró a la única oportunidad de obtener protección:
—Señora, —dijo a Gabriela—, lo que pasa es que, antes, l