Para ella, no existía la más mínima posibilidad.
«¿De dónde habrán salido esos rumores?», se preguntó. «¿Por qué Gabriela no se defiende?»
La respuesta se le antojó clara: Gabriela, por alguna razón, estaba más que decidida a divorciarse de Álvaro. ¿Para qué molestarse en desmentir nada? De hecho, quizá hasta lo había admitido sin reparo…
Laura frunció el ceño.
Le resultaba más sencillo enfrentarse a los números de la empresa y a la política del mercado que lidiar con este drama personal tan enr