Capítulo 258
Gabriela lo miró de reojo.

La expresión de Álvaro, algo afligida, casi la hizo sentirse culpable por haber sospechado que lo hacía a propósito.

Sin decir palabra, presionó nuevamente el botón del elevador y entró.

Álvaro, con la cabeza gacha, la siguió.

Los ojos de Gabriela se posaron discretamente en la mano lastimada de él.

Estaba más que claro: creer que Álvaro era Emiliano seguía siendo parte de sus delirios.

Todo se debía a aquel aroma idéntico de la paella de mariscos, esa leve chispa de e
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