Kian se quedó pasmado, con ganas de cavar un hoyo y meterse dentro.
Por su conocimiento de Álvaro, después de que Gabriela le pusiera esa enorme y brillante «corona de infidelidad», que Álvaro no la matara ya era un milagro.
¿Reconciliarse? ¡Ni en sueños!
Por eso, en su rabia e incomprensión, Kian había terminado rompiendo del todo con Gabriela.
¿Quién iba a pensar que el sol saldría por el oeste? Álvaro, en vez de matarla o deshacerse del bebé, aceptaba criar a ese hijo extraño, con tal de no p