Carmen casi se había desmayado al enterarse de que Álvaro, un hombre que le tenía terror al agua, se había lanzado al mar sin pensarlo para salvar a Gabriela.
Eso le dejaba claro que Gabriela se había convertido en una navaja afilada posada sobre el cuello de su nieto.
En cualquier momento podía caer y destrozarlo.
Gabriela la miró.
La pequeña vacilación que había en sus ojos se disipó por completo.
Tenía razón.
Desde el instante en que tomó a Álvaro como el reemplazo de Emiliano, el desenlace t