Kian, con cara de sufrimiento, negó:
—El señor no ha probado ni un sorbo de agua. Lleva todo el tiempo cuidándola sin separarse.
Carmen miró hacia la habitación:
—Sin comer no puede seguir así. Iré a comprar algo.
—Doña, yo puedo ir —dijo Laura, que acababa de regresar de sus asuntos y alcanzó a oír lo último.
—Ustedes también están agotados de tanto correr de un lado a otro. Descansen —Carmen movió la mano, descartando la oferta, y se fue llevando a Oliver con ella sin aceptar réplica.
—Esto sí