Cristóbal también era consciente de este peligro.
Por eso, desde un principio, había intentado evitar que Julio viniera a buscarlos.
Sin embargo, Santiago insistió en que era lo mejor.
—De acuerdo —respondió Cristóbal, con una sonrisa serena, aunque sus ojos mostraban un leve atisbo de preocupación.
Gabriela intentó devolverle la sonrisa, pero apenas logró curvar sus labios en una mueca forzada.
Poco después, Gabriela subió al auto de Rosalina.
—Habla lento, sin apurarte. No me escribas nada, ya