Su respiración se volvió pesada, su pecho subía y bajaba con una intensidad creciente.
—¡Estoy intentando cambiar! —su voz retumbó en la sala, un grito que parecía provenir de las profundidades de su alma—. Estoy tratando, maldita sea, pero tú… ¿cómo puedes ser tan cruel? ¿Ni una sola oportunidad me darías?
Gabriela lo miró con esa misma expresión distante. Ni odio, ni enojo, solo un abismo de indiferencia.
Álvaro era un hombre orgulloso.
Había crecido siendo el centro del universo, siempre admi