Toda la ira que sentía por haber sido dejado en el aeropuerto se desvaneció de inmediato.
¡Olvidó por completo cualquier castigo o reprimenda!
—Lo siento… —susurró, mientras la abrazaba con ternura.
Gabriela, como una pequeña criatura herida, sollozaba suavemente en sus brazos, hasta que poco a poco volvió a quedarse dormida.
Concha se despertó frotándose los ojos.
Al levantar la cabeza, vio a un hombre que le resultaba vagamente conocido, abrazando a la maestra García y dándole suaves palmadas