516. AL FIN SALVADOS
EL ABUELO:
Tomo la llamada de mi nieto. Al escuchar lo que dice, me pongo de pie de un salto, con mi corazón latiendo de emoción, todavía sin poder creer que sea cierto. Mi garganta se cierra y mis ojos se llenan de lágrimas ante la noticia. Tengo que llevar la mano a mi pecho en mi intento de calmarlo.
—¿Abuelo, estás bien? —pregunta Alessandrito.
—¿Dónde están? —logro al fin preguntar—. ¡Iré ahora mismo!
—Abuelo, están muy mal, apenas viven —sigue explicando Alessandrito—. Cálmate, abue