515. LOS ENCONTRÉ
ALESSANDRO:
En la cueva, me he quedado abrazado a Lilian, que tiembla de frío, mientras observamos cómo Rufo es abrazado por sus padres. De repente, un nudo se me agolpa en la garganta. Trago seco y la separo de mí, preocupado.
—Amor, toma la mochila y ve a ponerte ropa seca —le pido preocupado—. No quiero que enfermes. No se debe haber mojado, está en un nailon sellado.
—¿Puedes venir conmigo? —pregunta y puedo ver temor en su mirada.
—Deja que averigüe qué es lo que pasa —le digo sin de