469. LAS COSAS DE LILIAN
ALESSANDRO:
Me dirijo a la cocina para llamar a la sirvienta, cuando un murmullo me detiene y me obliga a prestar atención.
—¡Debiste decírselo al jefe! —escucho la voz molesta de Humberto—. Esas cosas no se le esconden, es de vital importancia.
—Pero es que no sé si es verdad —replica ahora Estefan con un tono inseguro.
—No importa, nuestra consigna la conoces —continúa regañándolo Humberto, visiblemente molesto—. ¡Nunca ocultarle nada a nuestro jefe!
Me acerco despacio, procuran