256. MI HERMANO DEL ALMA
ALESSANDRO:
La primera vez que vi a Rufo, tenía mi edad, diez años; solo que era flaco y paliducho. Estaba todo ensangrentado y siendo golpeado sin descanso por un hombre. Iba con mi abuelo en el auto.
—¡Detente! —ordené al chofer, que frenó de golpe, y abrí la puerta sin decir nada. Corrí con un arma en mi mano apuntándole a aquel desgraciado que lo golpeaba con tanta saña y le grité: —¡Déjalo o te mato!
El malvado hombre soltó una risa estridente al ver a un niño que no le llegaba a la ci