68. Las flores que florecen en el barrio de luces (III)
Aquella peculiar mujer los dirigió hacia un pequeño pabellón que se encontraba en la parte de atrás del burdel. Allí el aire era más limpio, y el frescor de la primavera en la noche transmitía una curiosa sensación de tranquilidad. Fue como si hubiesen cambiado de localización por completo.
Allí habían mesas y asientos disponibles para que pudieran sentarse. Todo ello con una decoración lujosa y extravagante. Cuando ya estuvieron acomodados, les sirvieron varias bebidas y bocadillos de aspecto