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Ella se quedó sin palabras. —Yo…—

—Traté de proteger tu dignidad porque eres mi prometida—. Se acarició los labios de manera siniestra mientras sus cejas se fruncían ligeramente. —No esperaba que fueras tan engreída como para pensar que puedes incriminar a esa mujer...—

Sus pupilas se contrajeron mientras le dolía el corazón.

Sus palabras la hicieron sentir como un payaso.

—¿Cómo puedes decir eso de mí? ¡Soy tu prometida!— Nathalia apoyó su cuerpo contra una pared cercana.

—Si no lo fueras, no
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