Sin atreverse a seguir hablando de sus habilidades para tener hijos, Yandel volvió al punto principal. —Jefa, ¿cómo se ven tus dos hijos que encontraste? ¿Dónde están viviendo? ¡Si estás libre, déjame conocerlos! Tengo mucha curiosidad acerca de cómo se ven. ¿Se parecen a Noa y Clayton?
—Ya los has visto antes.
—Yo… ¿los he visto antes? ¿Cuando?— preguntó Yandel, sintiéndose perplejo. —Es imposible, ¿verdad?—
—Tomas y Mia son mis otros dos hijos—.
—¿Qué?— Yandel dejó caer su bolígrafo, pero no se molestó en recogerlo. Una mirada de incredulidad cruzó su rostro.
A Olivia no le sorprendió la expresión de asombro de Yandel. Ella le explicó con impaciencia: —Yandel, te mencioné que el padre de Noa y Clayton es un forajido, ¿no? En realidad, lo he entendido mal todo el tiempo. No fue Marcus quien se acostó conmigo en ese entonces, fue Max—.
Incluso Olivia sintió que todo era increíble cuando lo explicó.
Tantas cosas sucedieron en los últimos seis años, pero terminó volviendo al punto de pa