—¿De qué sirve encender velas y llorarla cuando ya está muerta?— Maia continuó en tono burlón: —No importa cuántas oraciones digas, tu hija no volverá a la vida. Deberías superarlo pronto y seguir con tu vida. ¡Da mala suerte encender velas y poner esa música en la casa!—
Sin duda, las palabras de la mujer fueron como flechas envenenadas, atravesando el corazón de Yvonne.
—¿Eres tú?— Yvonne agarró el cuello de Maia y exclamó con los dientes apretados: —¡Yo le dije a Melissa que se detuviera y m