—Melissa, no puedo hacer esto delante de una niña. —Olivia la miró con frialdad. —Puedes sellar la boca de Mia, atarle las manos y los pies, y luego ponerla fuera del almacén. Después de todo, estoy sola pero son tres, así que no puedo hacer nada. Luego, puedes grabar el video de la forma que quieras—.
Los ojos de Mia estaban llenos de lágrimas y sacudió la cabeza desesperadamente.
No sabía qué le pasaría a Olivia.
Solo sentía que esta mujer que la había secuestrado se había vuelto loca.
Fue se