—Edwin, ¿por qué estás parado ahí?— gritó Alfredo. Edwin no se atrevió a decir nada. —Muevete a un lado. ¡Quiero ver por mí mismo quiénes son estos dos imbéciles!
El silencio de Edwin solo hizo que Alfred se volviera loco. A pesar de eso, Edwin apretó los dientes con fuerza y no se movió. Al darse cuenta de la reacción de Edwin, Susan frunció el ceño. ¡¿Qué diablos está haciendo allí sin moverse?! Un vórtice de ira se arremolinó dentro de Alfred mientras Edwin seguía inmóvil, negándose a movers