VALENTINA ROSS
Su respiración caliente chocaba contra mi rostro, mientras la propuesta de aquella "despedida adecuada" resonaba una y otra vez en mi cabeza. El calor de sus dedos, que aún descansaban peligrosamente sobre mi intimidad a través de la tela de la lencería, me impedía pensar con la más mínima claridad.
Libré una rápida y desesperada batalla mental. El deseo ya estaba consumiendo todo mi cuerpo, pero el miedo de destruir mi vida era lo que más pesaba. Y fue entonces cuando la lógica,