ARES BECKETT
Pasaron dos días agonizantes. La medicación intravenosa estaba haciendo efecto, pero el equipo médico prefirió mantenerla sedada para que el cerebro pudiera descansar y deshacer el coágulo sin esfuerzo.
Yo no había salido del hospital. Mi vida entera se resumía a ese sillón reclinable al lado de su cama. El vicepresidente de Beckett estaba haciendo todo el trabajo que me correspondía. Por suerte, la prensa no descubrió quién estaba en el auto, solo pasaron un reportaje cualquiera s