RUBI MONTENEGRO
—¿Por qué no lo hacemos aquí mismo?
Ares esbozó una sonrisa de lado, pero en lugar de lanzarse sobre mí como esperaba, simplemente se levantó del sillón.
Seguí sus movimientos con la mirada mientras caminaba hacia la salida. Mi corazón se hundió de inmediato. ¿Habré parecido demasiado fácil? ¿Perdió el interés porque le facilité demasiado las cosas? Mi inseguridad duró exactamente tres segundos, porque Ares acababa de cerrar la puerta con llave.
Regresó caminando y se detuvo