ARES BECKETT
Entramos a la sala de cine privada de la mansión y le entregué el control a Rubi. Dejé que ella eligiera la película, sin importarme mucho el género. Mi única intención era pasar tiempo con mi esposa.
En cuanto le dio play, caminó hasta la fila principal y se sentó. Me senté justo a su lado, pero, en el mismo instante en que me acomodé, miré la butaca de cuero con extrema irritación. Había un apoyabrazos ancho y fijo dividiendo nuestros asientos, imposible de levantar.
En lugar de