RUBI MONTENEGRO
La luz del sol invadió la habitación del hotel, atravesando las rendijas de las cortinas y perforando mis ojos como finas agujas. Mi cabeza latía y mi boca estaba tan seca que sentía como si hubiera comido un plato de arena.
Intenté estirarme en la suave cama, soltando un gemido bajo de dolor, pero me congelé a mitad del movimiento.
Había dos cosas terriblemente mal conmigo.
Primera: un aire frío golpeó mi piel y me di cuenta de que estaba completamente desnuda.
Segunda: había u