RUBI MONTENEGRO
El ruido de las máquinas alrededor de Ares era lo único que me impedía enloquecer por completo.
Apoyé los codos en el borde de la cama del hospital y escondí el rostro entre mis manos, dejando escapar un suspiro exhausto.
El día había sido una verdadera guerra. Desde que entré a la sede de Beckett Industries hace dos días y asumí la presidencia interina, he intentado mantener la cabeza en su lugar.
Pero ahora, sentada en la penumbra de este cuarto frío de cuidados intensivos, yo