ARES BECKETT
En el segundo día de nuestra luna de miel, el cielo de los Hamptons decidió venirse abajo. Una lluvia torrencial y constante golpeaba contra los grandes ventanales de cristal, transformando el paisaje de afuera en un borrón gris y aislándonos por completo.
Normalmente, un clima así me pondría irritable, pero con Rubi ahí, caminando por la casa usando solo una camiseta mía que le cubría la mitad de los muslos, le agradecí mentalmente al pronóstico del tiempo. No tenía la menor inten