RUBI MONTENEGRO
El sol ya se despedía, tiñendo el cielo de los Hamptons con tonos anaranjados y morados, cuando finalmente decidimos salir del agua y volver a la mansión. Caminamos tomados de la mano por la arena, exhaustos, salados e infinitamente felices.
El camino hasta la suite principal estuvo lleno de besos robados. Entramos juntos a la espaciosa ducha. El agua caliente lavó la sal y la arena de nuestros cuerpos, relajando cada músculo tenso. Al principio, el baño prometía ser otra ronda