ARES BECKETT
El sonido de las olas rompiendo en la arena blanca era la única banda sonora de nuestra tarde. El sol calentaba mi piel, pero nada se comparaba al calor del cuerpo de Rubi pegado al mío.
Estábamos acostados en la enorme toalla que yo había extendido en la playa. Yo estaba de espaldas a la arena, con un brazo alrededor de los hombros de mi esposa, manteniéndola recostada contra mi pecho. Sus dedos dibujaban círculos perezosos e invisibles en mi abdomen, dejándome en un estado de rel