RUBI MONTENEGRO
La tarde llegó tranquila y cálida en los Hamptons. Gracias a los mimos exagerados y al cuidado constante de Ares durante toda la mañana, la incomodidad y el dolor de nuestra primera noche habían disminuido bastante.
Al escuchar el sonido de las olas romper a lo lejos, decidí que era hora de aprovechar la playa privada de la propiedad y con un poco de esfuerzo convencí a Ares de estar de acuerdo.
Fui hacia las maletas que su equipo había traído. Abrí mi equipaje, revolviendo algu