¡Querido Jefe! (Ángel caído del cielo)
¡Querido Jefe! (Ángel caído del cielo)
Por: MuSubi GR
¡Todo mal!

Catorce años de feliz noviazgo Arianne los recordaba con nostalgia, los nervios le corrían por todo el cuerpo, como hormiguitas ajetreadas mordiendo sus intestinos. Pero era el tiempo perfecto.

El escenario era precioso, una pequeña terraza, bajo las estrellas en un cielo oscuro, una velas aromáticas sobre la mesa y varias copas de cristal tan trasparentes que solo eran evidentes por la danza de las llamas sobre ellas.

Se recogió el cabello en una coleta, su cabello era tan largo que aun así, las puntas le llegaban un poco más debajo de las caderas, se atavió en un vestido perla con un discreto escote al frente pero bastante seductor por su espalda dejando ver el sin fin de innumerables lunares salpicados en un lienzo de suave y tersa piel blanca.

 Un viento dócil soplaba amenazando las velas, la música era agradable conjugándose con los minutos que se derramaban como la cera de las velas.

Se estremeció al sentir los dedos fríos recorrer su espalda, encontró de pie junto a ella al hombre más atractivo que jamás habia visto. Él se inclinó y beso sus labios envueltos en una sonrisa nerviosa.

—Creí que no llegarías —le reprocho con una sonrisa

—Y perderme la compañía de la mujer más hermosa del mundo.

Era encantador, siempre atentó y romántico, siempre detallista, caballeroso era el hombre perfecto casi nunca discutían y estaban de acuerdo en todo, tenían gustos muy similares en casi todo.  ella sonreía nerviosa y coqueta, ya imaginaba su reacción cuando le mostrara la sorpresa.

—No sé qué hace aquí conmigo entonces caballero.

Las risas de ambos no se dejaron esperar, Arianne tenía muchas pecas en el rostro y estaba segura que eso ocultaba su belleza si es que podría presumir de alguna.

Erick le tomo la mano y la llevo hasta su boca, bombardeo sus nudillos con besos sin desconectar su mirada.

—¿Que estamos celebrando?

—Una vida juntos, nuestro amor, y una romántica relación de catorce años.— Erick murmuro con un entusiasta “si”  pudo ver en sus ojos lo maravillado que estaba por vivir una historia de amor de tanto tiempo.

La noche corrió entre risas, miradas, y malos chistes por parte de Erick, un joven mesero se acercó con una bandeja cubierta, la coloco solo en el lugar de él.

—¿Qué es esto? —cuestiono de inmediato al ver que el hombre se alejaba sin decir nada. —te traerán una a ti, ¿debo esperar?

—Ábrelo.

Erick cambio la expresión de su rostro, Arianne noto que incluso se palideció, eso la hacía sonreír más ampliamente. Su fututo prometido apretó la quijada adivinando que era la gran sorpresa que le tenía Arianne . Destapo la charola, una caja blanca en el centro del plato rodeado de pétalos blancos y rojos.

Tomo la caja entre sus manos y la abrió, dentro una argolla dorada, cejo de sonreír, la sangre se le enfrió en el cuerpo. observando a todos lados, todos los estaban mirado, cuando se escuchó un clic observo a Arianne junto a él con una rodilla en el piso, ella era sensual, su espalda recta, y sus redondas caderas no la desfavorecía.

—Erick Garay, deseas unir tu vida a la mía para formar esa hermosa familia con la que siempre hemos soñado.

La ojos de Erick se contuvieron en la redonda argolla color dorado, suspiro cerro el estuche y tomo Arianne de los brazos para hacerla sentar en su sitio, eso la desconcertó, no era la reacción que esperaba ni su actitud.

Suspiro y se inclino sobre la mesa, tomo la servilleta y trato de cubrirse con ella.

—¿Por qué haces esto? —todos estaban mirándolos, Erick rodo la cabeza en una forma negativa. —¿qué estás pensando?

Su novio era muy tradicionalista, y su molestia era tal vez por que le arruino su plan de pedirle que fuera su esposa. ahora le gustara saber que tenía en mente

—¿Cuándo pensabas proponérmelo?  

—¡Nunca! —un fuerte viento apago las velas de la mesa, el tiempo se congelo. la palabra retumbaba en su mente como un eco, se sintió caer atrás a un precipicio sin fondo, o estar en medio de un desierto con un frio aire envolviendo su cuerpo, pero ella seguía pegada en la silla.

 Las música se apagó así como todas las ilusiones y los sueños de Arianne se apagaban con una fría y cruda respuesta. Estaba segura de haber escuchado los vidrios de su corazón quebrarse.  

Los murmullos y risas se silenciaron de golpe todos estaban pendientes de lo que venía, todo el restaurante era lúgubre, sus ojos se inundaron de lágrimas, pero no todo estaba perdido habia otras opciones;

—¿Pensabas que viviéramos juntos sin casarnos?,—parpadeo y unas lágrimas rodaron por sus mejillas ruborizadas — ¿te arruiné alguna sorpresa?

Trataba de mantener la calma, de encontrar una explicación su respuesta, Erick, tardo en responder.

—No, no son mis planes —Arianne rio con más lágrimas en sus ojos — eres perfecta, pero yo no estoy listo para casarme y tal vez nunca lo esté. Y sabes cuanto estoy en contra de vivir en unión libre, eso no es bueno para ninguna mujer…

Cada segundo todo se volvía más caótico. Arianne no encontraba como salir de aquel lugar sin ser observada por miles de ojos que se burlaban de ella.

—¡No me amas!—afirmo, segura de que no existía otra explicación

Erick suspiro y tomo la mano de su novia, ella aun esperaba que dijera algo que tuviera sentido. quizás todo esto era una muy mala broma de su parte con ese horrible sentido de muy mal humor que tenía.

—Por todos los cielo, Arianne, claro que te amo, por supuesto que sí, soy feliz contigo, pero no debemos arruinarlo, —Arianne retiro la mano de la mesa —estamos bien así, sin más compromisos, el vivir juntos hará que la historia se vuelva monótona y casarnos nos arruinara la vida…

—¿Como piensa tener sexo conmigo, en casa de tus padres, en mi departamento?, ni siquiera te has atrevido a tocarme.

Eso provoco una ola de murmullos y risitas.

—Cariño la gente nos está escuchando. —murmuro entre dientes.

—Al diablo con la gente, Dime ahora ¿qué va pasar con nosotros?

—Continuar como hasta ahora —se encogió de hombros —somos una pareja perfecta

—Debes estar bromeando —el observo a todos lados y negó rotundamente con la cabeza.

Arianne se levantó de la silla de golpe, sin nada mas por decir, esto era increíble.

—Búscame cuando tengas claro hacía donde va esta relación, si no, ni te molestes.

—Espera, amor no puedes irte así, —la siguió entre las mesas y los comensales —no traje mi coche.

Arianne tomo una copa de la mesa frente a ella, arrojando en su perfecto rostro, lo que fuera que contenía aquel reciente, el líquido escurrió por todos su traje y camisa.

Abandono el restaurante, dejando a su paso los cuchicheos y risas de mujeres que criticaban la vergonzosa actuación.

Espero en la puerta que trajeran su auto. No pudo evitar desmoronarse, esperaba que Erick llegara junto a ella, que sus palabras fueran únicas y sin ninguna duda que deseaba pasar el resto de su vida con ella. volteaba de reojo pero el paso de los minutos se apagaba toda esperanza y aumentaba una rabia, un resentimiento al mismo tiempo un deseo de vergüenza crecía.

Una mano llego ofreciendo un pañuelo, sin pensarlo lo tomo y seco sus lágrimas, no permitiría que se arruinara más su maquillaje, al menos no hasta llegara a su departamento.

—¿Ese tipo es su novio Arianne?

—Era mi novio… —aclaro resentida y bien segura que todo habia acabado.

Pronto reacciono, le llamo por su nombre, al darse cuenta que ese hombre la conocía levanto la vista, el atractivo sujeto media un metro setenta y ocho. Ojos cafés grandes llenos de chispa, un rostro varonil, y cabello oscuro, su sonrisa, era una luz en ese momento.

—Señor Malcolm, —lo que le faltaba, era su jefe, apretó los ojos deseando que la tierra se abriera y la tragara, al menos esperaba que nadie la conociera antes de esto —Acaso usted vio todo …

Sus mejillas adquirieron ese tono rojo que conjugaba bien con sus hermosas pecas. Malcolm siempre apreciaba la belleza de su asistente aunque jamás imagino ni por un segundo sobre pasar esa delgada línea donde las fantasías encaminaban a cualquier hombre a correrse en medio de su oficina.

No hasta ahora que un sutil deseo de consolarla flotó en sus pensamientos. Era virgen por amor de Dios ese monumento de mujer era una tierra sin explorar. ¡Que verdadero imbécil!   

—No debe sentirse mal, catorce años y virgen, o su novio es un santo o un gay retraído —se paró junto a Arianne observando la calle, el cielo, el tiempo correr con las manos en los bolsillos.

—Es un hombre respetuoso, —aún se tomó un segundo en defenderlo —nunca quiso tocarme hasta que nos casáramos.

La risa de Malcolm no se contuvo ni un poco.

—Ahora no quiere casarse, déjeme decirle que su novio es un reverendo imbécil.

—Creo que la imbécil soy yo, acabo de hacer el ridículo, siento que mis mejillas están tan rojas, que debo parecer un tomate —el auto de Arianne se detuvo a un costado, el momento era tan incomodo, creía que desde dentro del restaurante todos la veían, las risas y los cuchicheos continuaban. O peor aún alguien compadeciéndose de ella

—No debe sentirse avergonzada, alguien debía dar el paso, y si él no quiere arriesgarse, ese hombre no es para usted, Arianne merece algo mejor, imagine que usted seguiría esperando por algo que no llegaría.

Era verdad, aun seguiría esperando y esperaría una larga y eterna vida subió a su auto sin despedirse helada como si le hubieran tirado sobre la cabeza un vale de agua.

—Nos vemos mañana.— Malcolm, se despidió de ella con la mano.

Se tomo una larga ducha, se fueron catorce años con un solo hombre por el desagüe, con el que ni siquiera pudo convertirse en mujer. Nunca pretendió satisfacer sus deseos con otro hombre, aunque tuvo algunas oportunidades. Y una que otra fantasía con Malcolm, su jefe, el cual ahora estaba burlándose de ella.

Su atractivo jefe le encantaba, era seductor, ese hombre amante de las aventuras y relaciones fugaces lo único que podría ofrecerle era una noche de pasión y un eterno adiós. Arianne siempre deseo que su primera vez estuviera dosificada por el amor y la pasión, Erik era romántico pero nada apasionado, Malcolm era fuego puro, pero nada de amor.

Arianne era una frustrada virgen con anhelos y necesidad sin cumplir y ahora, se había convertido en una eterna y frustrada soltera.

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