—No, no deseo nada. —Responde nerviosa al pensar que Richard podría creer que ella quiere algo más.
Alice se levanta rápidamente y tropieza con la alfombra, cayendo sobre la botella de vino, que se hace añicos al estrellarse contra el suelo.
—Alice, ¿estás bien? —Él se acerca preocupado y la ayuda a levantarse.
—Sí, lo estoy. Lo siento mucho. —Se avergüenza del desastre que acaba de hacer.
—¿Por qué te disculpas?
—Derramé tu vino —dice con tristeza.— De verdad, perdóname.
—No me preocupa el vin